Médula Anclada
La médula anclada es una condición en la que la médula espinal se encuentra fijada anormalmente a estructuras de la columna vertebral, lo que limita su movimiento normal durante el crecimiento del niño. Esta tensión progresiva puede ocasionar daño neurológico si no se detecta y trata oportunamente.
Sintomas
Los síntomas más frecuentes incluyen dolor de espalda o piernas, alteraciones de la marcha, debilidad de las extremidades inferiores, cambios en la sensibilidad, problemas urinarios o intestinales y hallazgos cutáneos en la región lumbar, como hoyuelos, manchas o pequeños bultos. El tratamiento suele ser quirúrgico y tiene como objetivo liberar la médula espinal para prevenir el deterioro neurológico y preservar la función.
¿Cuando acudir con un Neurocirujano Pediátra?
Un neurocirujano pediátrico es el especialista encargado del diagnóstico y tratamiento de enfermedades que afectan el cerebro, la médula espinal, el cráneo y la columna vertebral en niños y adolescentes. Se recomienda acudir a valoración cuando existan síntomas como crecimiento anormal de la cabeza, deformidades craneales, convulsiones, dolores de cabeza persistentes, retraso en el desarrollo, alteraciones visuales, debilidad en brazos o piernas, problemas para caminar o cambios importantes en el comportamiento.
También es importante solicitar una evaluación especializada ante sospecha de hidrocefalia, espina bífida, médula anclada, malformación de Chiari, tumores cerebrales o medulares, traumatismos craneales o de columna y enfermedades vasculares del sistema nervioso. Una valoración temprana permite establecer un diagnóstico preciso y ofrecer el tratamiento más adecuado, ya sea mediante seguimiento clínico, estudios especializados o cirugía cuando sea necesaria.
Se recomienda solicitar una valoración por neurocirugía pediátrica si un niño presenta alguno de los siguientes signos o síntomas:
- Crecimiento acelerado o anormal de la cabeza.
- Deformidades en la forma del cráneo.
- Asimetría facial o craneal.
- Fontanela ("mollera") abombada o tensa.
- Convulsiones o crisis epilépticas.
- Dolores de cabeza frecuentes o persistentes.
- Náuseas y vómitos recurrentes sin causa aparente.
- Retraso en el desarrollo psicomotor.
- Pérdida de habilidades previamente adquiridas.
- Debilidad o disminución de fuerza en brazos o piernas.
- Alteraciones de la sensibilidad.
- Dificultad para caminar o trastornos de la marcha.
- Problemas de equilibrio o coordinación.
- Cambios en el rendimiento escolar.
- Alteraciones visuales o desviación de la mirada.
- Somnolencia excesiva o irritabilidad persistente.
- Cambios importantes en el comportamiento.
- Problemas urinarios o intestinales cómo estreñimiento crónico asociados a síntomas neurológicos.
- Hoyuelos, masas, manchas o lesiones en la región lumbar o espalda.
- Sospecha de espina bífida u otras malformaciones congénitas.
- Traumatismos craneales o lesiones de la columna vertebral.
- Dolor de espalda persistente acompañado de síntomas neurológicos.
